Ante Obsesión Diabólica y Neurosis Obsesiva

El demonio habla al pensamiento del hombre; Dios habla al corazón del hombre. El demonio -preternatural- habla al alma (naturaleza humana); el Señor habla al espíritu humano (sobrenatural), a la capacidad que tiene el alma humana de comunicarse con Dios, al ápice del alma, a la capacidad obediencial del hombre (Sto. Tomás). Las opresiones u obsesiones demónicas actúan a nivel de los pensamientos. Aquí es importante discernir el pensamiento obsesivo (natural) de una obsesión diabólica (preternatural).

La obsesión neurótica se manifiesta en una estructura obsesiva de personalidad: neurosis obsesiva o Trastorno Obsesivo Compulsivo (T.O.C). Desde niño comienzan a manifestarse estas ideas obsesivas, donde la duda y la compulsión a la repetición de distintos rituales configuran el centro de la patología psiquiátrica. Nunca tienen paz, pues la angustia los desborda permanentemente, especialmente durante y a través de los rituales incumplidos. Por ejemplo: lavarse varias veces las manos con jabón y alcohol después de tocar determinados objetos; contar las baldosas de la vereda; volver a rezar el rosario desde el inicio al equivocarse en el rezo de una cuenta; sensación de muerte inminente al ver escrito o relacionar con el número seis, etc. Las personas que padecen trastornos obsesivos tienen un pensamiento mágico: «si no cumplo con el ritual correspondiente, ocurrirá una desgracia»; tienen conciencia de la enfermedad invalidante que padecen, pero todos éstos síntomas no los pueden manejar a través de la voluntad. La vida del obsesivo pasa a través del mundo racional, son personas racionales que tratan de evitar en su mente la tortura que viven. Entran en estados depresivos importantes, donde se agravan las obsesiones, las compulsiones y se acrecientan los rituales. Únicamente la medicación adecuada, la psicoterapia sistemática y la contención familiar, disminuyen la angustia de estos pacientes. La oración siempre es importante, aunque ellos suelen buscar la oración mágica que le «saque las obsesiones». De allí que resulta importante aclararles que no tienen que confiar en el poder de la oración de nadie sino en el Señor que es quien sana. He visto sanación de neurosis obsesiva.

La obsesión diabólica irrumpe bruscamente; hay blasfemias, insultos a Dios, fantasías obsesivas acerca de la Virgen o hacia la santa sexualidad de Jesús, etc. Funciona como idea Fija, y como toda acción diabólica, tiene un segundo objetivo: destruir a esa persona, llevándola al suicidio (Jn 8,44).

Nadie es responsable por lo que piensa. No somos responsables de pensamientos «que nos vienen», pero somos responsables cuando elegimos pensar esto o aquello. Somos responsables por lo que hacemos. De allí la importancia del discernimiento. Distinto es el caso del hombre que tiene un pensamiento obsesivo y que utiliza la fantasía y continúa con ese pensamiento impuro bajando pornografía de Internet; esto sí es pecado. Pero si se trata de una actitud compulsiva, puede no haber pecado.

Hay oportunidades en que, en una personalidad obsesiva, se injerta la obsesión diabólica. Satanás utiliza la debilidad humana para zarandearnos.

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