El Discernimiento y la vida diaria

He visto, refiero más arriba, sacerdotes con delirio místico; también médicos, ingenieros. En fin, cualquier hijo de Dios puede padecer un cuadro delirante.
Todos ellos padecieron alteraciones graves en la vida cotidiana: la reclusión, la persecución, los trastornos en el sueño, aseo y conductas extravagantes, micrófonos que escuchan su relación con Dios, cámaras ocultas que miran todo lo que hacen durante el día, les adivinan el pensamiento, voces que les ordenan lo que deben hacer, fuerzas ocultas que les roba el pensamiento, etc.
Todo esto lo viven de manera progresiva, y si no se medica convenientemente, entran en un clima de desasosiego, y ansiedad extrema; debe actuar el psiquiatra con rapidez, internar si es necesario y esperar la evolución.

Recuerdo el caso de un paciente sacerdote, quien al entrar en delirio místico, sufre un desborde total de su personalidad; comienza a gritarles a los feligreses en la misa, a retarlos, y a tener conductas que no condicen con su investidura sacerdotal ni con su conducta habitual. La internación solucionó este problema. Y volvió a la normalidad. Se trata de un paciente con un trastorno bipolar; el desborde se debió a una manía delirante. La oración en estos casos, no es efectiva en el cuadro agudo; hay que medicar: este cuadro corresponde al área natural.

En el caso de opresiones graves y/o posesiones, el paciente continúa con su vida diaria; torturado por vivir con uno o más demonios en su cuerpo y torturado en el alma, pero cumpliendo, en menor grado, sus obligaciones cotidianas. Digo en menor grado pues no es lo mismo vivir la libertad de la relación con Dios, a tener que compartir la existencia con una inmundicia que molesta permanentemente y le pide al huésped el suicidio.

Recuerdo a un paciente médico, que en los únicos momentos del día en que no lo molestaba Satanás, era cuando estaba operando: en las cirugías el inmundo no podía actuar; durante cualquier acto médico que efectuaba, el demonio no tenía injerencia alguna: ¡Notorio! ¡Cómo cuida Dios a sus hijos cuando los pone en manos del médico!

Dios tiene dos maneras de actuar; una directa produciendo el milagro, y otra, indirecta a través del médico (Eclesiástico 38).

En estos casos de opresiones los pacientes cuidan el aseo personal, el trabajo, y hasta cierto punto evitan que el mundo se entere del infierno que están padeciendo. En el caso del delirante, es imposible que el entorno no se entere, no hay manera de disimular un delirio. Sí se puede disimular una opresión o una posesión.

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