Voces Del Demonio Y Alucinaciones

La voz del demonio que habla al huésped no hay que confundirla con alucinaciones auditivas.

Ésta es un área delicada: las alucinaciones son trastornos psiquiátricos, pertenecen a la naturaleza humana; los demonios son seres espirituales que entraron (porque les abrieron las puertas) en el cuerpo del cristiano; pertenecen al terreno preternatural.

Las alucinaciones auditivas, ya sean extrapsíquicas (las que parecen venir desde afuera y se escuchan en el oído) o las intrapsíquicas (las que vienen desde adentro, son mentales) son permanentes y forman parte de uno de los mecanismos del delirio. En el delirio, el hombre pierde el juicio crítico, es decir su capacidad de discernimiento: entra en su interioridad y se aísla del resto del mundo. No se siente enfermo, el mundo es el que está equivocado y lo persigue, no hay manera de reducir esas vivencias paranoides. Únicamente la medicación adecuada, en oportunidades, lo volverá al estado previo al delirio; al reducir el delirio desaparecen las voces que lo retroalimentaban. En el mundo del delirante nadie tiene cabida, todos están en su contra, se confabulan para destruirlo, para llevarlo a la cárcel, para matarlo. Por lo tanto no tarda en aparecer la agresividad; es irreductible la conducta, únicamente la psicofarmacología y en ciertos casos la internación ayudará a recuperarlo.

Es común que quede «un resto» no recuperable en las áreas volitiva y afectiva; es el llamado «defecto» que lo vemos en la esquizofrenia, paradigma de la enfermedad mental o  psiquiátrica. Nada tiene que ver esto (área natural) con el demonio (área preternatural).

El que está poseído u oprimido por el demonio siente y sabe que está enfermo espiritualmente, no tolera más esa lucha; quiere que «alguien» le saque ese cuerpo extraño que convive con él. Tiene conciencia de enfermedad, sabe que está enfermo. Por el contrario, el delirante niega su enfermedad, no tiene consciencia de enfermedad. Las alucinaciones auditivas del delirante no cambian con la oración ni con los sacramentos. La voz del demonio se «descompensa» con la eucaristía y con la oración de alabanza (la rechaza); la voz del demonio trata de negociar con el YO infectado: «me voy si me das a cambio…» Las alucinaciones no negocian con nadie. La voz del demonio se manifiesta como una sola, aunque sea una legión de demonios incorporados; las alucinaciones auditivas son múltiples y hablan entre ellas acerca de los actos («voces comentadoras de los propios actos»). La voz del demonio se manifiesta en la oración; las alucinaciones son permanentes y ante la oración no sufren modificación alguna. Las alucinaciones auditivas son imperativas, le dicen al enfermo lo que tiene que hacer a la manera de órdenes, y el enfermo, a veces les hace caso, pues no tiene juicio crítico: está alienado; la voz del demonio en oportunidades le ordena al poseso que se mate o que cometa cualquier tipo de impureza o agresión, actitudes a que el poseso no accede pues tiene juicio crítico. El delirante tiene una postura pasiva ante las voces; el poseso tiene una postura activa ante los demonios, busca liberarse. El mundo del delirante es autoreferencial y persecutorio, un mundo de reclusión pues el exterior es amenazador; el mundo del poseso es de soledad, y se cuida por vergüenza de que los demás no conozcan su situación.

Reitero: el psicòtico no sabe que está loco, no tiene conciencia de enfermedad; el poseído sabe que está poseído, tiene temor a volverse loco y tiene consciencia de enfermedad.

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